lunes, 16 de julio de 2018

El aprender no tiene edad
El adulto de nuestra era está plenamente convencido de la necesidad de continuar aprendiendo durante toda su existencia; decide libremente qué estudiar, dónde, cuándo y cómo realizar su actividad de aprendizaje. Pero no sólo se limita a participar, sino que también exige un marco teórico de referencia apropiado con metodología, praxis y ambiente que se adapten a su correspondiente proceso educativo;  es decir, el adulto aprendiz necesita  y le es imprescindible formarse según los principios que norman a la Andragogía.
La red neuronal de un adulto es mucho más compleja que la de una persona joven, aunque la regeneración neuronal y la velocidad de transmisión en las neuronas de la persona adulta son más lentas. Se puede aprender hasta muy avanzada edad, debido a la plasticidad del cerebro. El adulto necesita otras formas de aprendizaje y de enseñanza y requiere una motivación especial para aprender. Hay una serie de factores que inciden en el desarrollo del proceso de aprendizaje, entre ellos están los  factores intrapersonales  y    factores socio-ambientales. La personalidad, el concepto de sí mismo y la motivación del adulto son rasgos fundamentales en la construcción de su aprendizaje, así pues, el adulto percibe una realidad, reconoce un problema y está en capacidad para dar respuestas o soluciones habiéndose trazado alternativas previas, si comete errores o está insatisfecho lo internaliza y modifica su comportamiento.
Así pues, el adulto es protagonista, actor y diseñador de su propio aprendizaje en la medida que analice el abanico de posibilidades, será el mismo quien tome conciencia, reflexione y decida que aprender, lo que le motive e incentive a lograr nuevas metas y adquirir nuevos conocimientos bien sea para un cambio o para mejorar su situación actual, tomando en cuenta las situaciones favorables o adversas que permitan éste nuevo aprendizaje y responda a sus necesidades.



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