El aprender no tiene edad
El adulto de
nuestra era está plenamente convencido de la necesidad de continuar aprendiendo
durante toda su existencia; decide libremente qué estudiar, dónde, cuándo y
cómo realizar su actividad de aprendizaje.
Pero no sólo se limita a participar, sino que también exige un marco teórico de
referencia apropiado con metodología, praxis y ambiente que se adapten a su correspondiente proceso
educativo; es decir, el adulto aprendiz necesita y le
es imprescindible formarse según los principios que norman a la Andragogía.
La
red neuronal de un adulto es mucho más compleja que la de una persona joven,
aunque la regeneración neuronal y la velocidad de transmisión en las neuronas
de la persona adulta son más lentas. Se puede aprender hasta muy avanzada edad,
debido a la plasticidad del cerebro. El adulto necesita otras formas de
aprendizaje y de enseñanza y requiere una motivación especial para aprender. Hay
una serie de factores que inciden en el desarrollo del proceso de aprendizaje, entre
ellos están los factores
intrapersonales y factores
socio-ambientales. La personalidad, el concepto
de sí mismo y la motivación del adulto son rasgos fundamentales en la
construcción de su aprendizaje, así pues, el adulto percibe una realidad,
reconoce un problema y está en capacidad para dar respuestas o soluciones habiéndose
trazado alternativas previas, si comete errores o está insatisfecho lo
internaliza y modifica su comportamiento.
Así pues, el adulto es protagonista, actor y diseñador de su
propio aprendizaje en la medida que analice el abanico de posibilidades, será
el mismo quien tome conciencia, reflexione y decida que aprender, lo que le
motive e incentive a lograr nuevas metas y adquirir nuevos conocimientos bien
sea para un cambio o para mejorar su situación actual, tomando en cuenta las
situaciones favorables o adversas que permitan éste nuevo aprendizaje y
responda a sus necesidades.
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